La adolescencia organiza la sexualidad de muchachas y varones,
de conformidad con las nuevas concepciones sociales y
culturales. Ya no una sexualidad destinada, de forma
prioritaria, a la maternidad y la paternidad, sino a construir
la masculinidad y la feminidad en un contexto de experiencias
placenteras y gozosas en la relación con los otros.
En la adolescencia, el ejercicio de la sexualidad de chicos y
chicas también prepara para la maternidad y la paternidad.
Porque en la sociedad contemporánea, el hijo y su concepción
no son únicamente el producto de uniones y transformaciones
biológicas sino, sobre todo, el efecto de una preparación
corporal, psicológica, académica, económica y social, que
comenzó en la mujer y en el varón desde el momento de su
nacimiento.
No basta ser púber. En el mundo contemporáneo, ya no es
posible improvisar la venida de un niño. Ya no se quieren
justificaciones para el nacimiento de hijos e hijas no
queridos ni esperados. La adolescencia no es el tiempo para la
maternidad ni la paternidad sino para su preparación
Sin embargo, numerosas adolescentes quedan embarazadas y otro
tanto número de chicos embarazan a sus amigas o enamoradas. En
su infinita mayoría, los embarazos no deseados han llegado a
constituir uno de los más graves conflictos sociales de
algunos países en desarrollo.
El mundo ha cambiado de manera radical. Y no es posible dar
marcha atrás. Mujeres y varones hacen el amor a edades cada
vez más tempranas. Y cuanto más precozmente lo hagan, mayor
será el riesgo del embarazo. Hacer el amor es ir en busca de
esa totalidad que se realiza en la unión entre dos. Una fusión
que conduce a ambos a los espacios imaginarios en los que todo
es posible. Mutua absorción en un goce presentido, imaginado y
vivido sin palabras que puedan explicarlo ni justificarlo. No
es para nadie más que para los dos, y permanece como una
vivencia única y absolutamente personal.
Pero, a esta experiencia innombrable no se halla exenta de
riesgos, que son más complejos cuanta menos edad posee la
pareja amorosa. Y el primero y quizás más importante riesgo es
el embarazo. De hecho, gran parte de la poca información que
se da a la chica en casa y en el colegio respecto a la
primera regla está destinada a prevenir el embarazo. La
menarquia adquiere sentido familiar y social en la medida en
que avisa que una mujer es capaz de quedar embarazada. De ahí
que el "cuidarse de los hombres", como suelen aconsejar las
mamás a sus hijas, no significa otra cosa que un acto
destinado a prevenir el embarazo prematuro, no deseado y fuera
del matrimonio.
Así se expresa una niña de 10 años: "A nosotras nos han dicho
en la casa y en la escuela que, una vez que hay el flujo, la
mujer tiene que cuidarse, no tener relaciones sexuales porque
se puede embarazar".
En el Ecuador, dos de cada diez chicas que hacen el amor
iniciaron sus experiencias entre los 12 y 14 años. Según los
adolescentes, casi siete de cada diez mujeres adolescentes
hacen el amor. Y prácticamente todos, varones y mujeres
adolescentes, conocen casos de chicas de su entorno que han
quedado embarazadas.
Algunas terminan siendo mamás, mientras otras recurren al
aborto como la alternativa para solucionar un problema
personal y social para el que no encuentran otra salida
posible. En los sectores populares y marginales, ocho de cada
diez chicas embarazadas tienen el bebé. Las dos restantes
acuden al aborto. En cambio, en los estratos sociales medios
altos y altos, el número de chicas que recurren al aborto es
mayor porque en estos grupos la maternidad adolescente es muy
mal tolerada.
Via: hoy
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